jueves, 8 de octubre de 2026

7/octubre/2026 Sueño profético / Título: Cuando el Redentor llega en el momento de mayor opresión/ Autoría: Maria Izabel Mestre Yom Teruah Ministries®


 7 DE OCTUBRE DE 2026

Sueño profético

Título: Cuando el Redentor llega en el momento de mayor opresión

Antes de continuar leyendo, publiqué el sueño profético en el resto de mis redes. Comparto los enlaces:



⤴  (las letras en azules o grises lo van a dirigir a las redes sociales)


Les cuento que durante la noche, me desperté para tomar un poco de agua. Al mirar el reloj, vi que eran casi las 3:00 a.m. Pensé en silencio: «Todavía tengo unas horas más para descansar», y volví a la cama.

Al quedar dormida nuevamente, fui transportada de inmediato a una escena sobrecogedora. Me encontraba de pie en el centro de una habitación extraña, donde absolutamente todas las paredes estaban cubiertas de losetas blancas. El lugar se sentía completamente aislado, y al no reconocer dónde me hallaba, alcé la voz y pregunté con fuerza: «¿Dónde estoy?»

Fue entonces cuando la atmósfera cambió. Aunque parezca una escena de ciencia ficción, desde el suelo, comenzó a avanzar hacia mí un líquido negro, denso y espeso, semejante a la brea.
Se movía lentamente, arrastrándose en mi dirección. En ese instante, una risa oscura y desagradable resonó en el lugar, seguida por una voz que me dijo: «Te encontré». A pesar de escuchar aquellas palabras con total claridad, no había ningún rostro ni figura visible a quien atribuírselas.

De repente, aquel líquido oscuro comenzó a subir, cubriendo y forrando de negro cada una de las paredes blancas. Fue entonces cuando aquella horrible voz, imponente y cargada de ruidos del mundo, me dijo: «Sé todo lo que has hecho en el pasado».

De inmediato, sentí una profunda opresión en mi mente y en todo mi cuerpo. La voz comenzó a proyectar en mi mente una especie de película de mi propia vida, reproduciendo recuerdos de mi niñez para acusarme y colocar sobre mí un denso peso de responsabilidad y culpa por cosas del pasado. Se sentía como una voz dominante que pretendía someterme bajo el yugo del reproche.

Aquella voz continuó su ataque usando los ecos de personas cercanas a mi vida; escuchaba palabras de desaprobación que me hacían sentir que nunca hacía nada bien, alimentando aún más la culpa dentro de mí.

En medio de la desesperación y la frustración, le gritaba que me dejara en paz. Luego, el tormento se volvió más agresivo: comenzó a utilizar las voces de personas del pasado que me hicieron daño durante mi juventud, aquellos momentos dolorosos frente a los cuales me había guardado en silencio.

En ese instante, la frustración se transformó en un enojo profundo. Embargada por una intensa intranquilidad y rabia, le gritaba palabras fuertes e hirientes a esa presencia, intentando defenderme de una opresión que amenazaba con ahogarme.

Llevando mis manos a la cabeza, intentaba frenar el tormento, pero aquella voz continuaba proyectando una escena tras otra en mi mente para afligirme.

De pronto, su tono cambió a una burla fría y amenazante mientras me decía: «No lograste nada en los lugares a los que Él te envió», refiriéndose a mi Señor Jesucristo. En esa pantalla mental comenzó a mostrarme aquellas iglesias a las que el Señor me había mandado en el pasado a entregar mensajes de amonestación y palabras proféticas; lugares donde guardé silencio con obediencia a pesar de sufrir acoso y maltrato, y cuyas puertas tiempo después el Señor mismo terminó por cerrar.

Aquella voz se reía con malevolencia, imitando las voces de esos pastores y pastoras caídos para desafiarme y decirme: «¿Y ahora dónde está al que tú le sirves?».

Un profundo coraje encendió mi corazón y, con indignación, continuaba confrontando y discutiendo con esa presencia en medio de la contienda.

De repente, el tono mutó y tomó la voz burlona de una mujer a quien también reconocí: aquella persona que se presenta públicamente en redes sociales como pastora dentro de un movimiento sectario enfocado en juicios y castigos involucrada en política mundana.

Ese ser acusador proyectó ante mí una serie de escenas detalladas donde se reflejaban los años de difamación e intrigas que ella impulsó en mi contra, mostrando fecha tras fecha —desde el 2012 hasta el día de hoy— cómo organizaba a distintos grupos para sembrar mentiras sobre mi vida.

En esa proyección mental observaba cada año, cada grupo distinto y la manera en que mediante el engaño lograba manipular a sus seguidores, recibiendo de ellos recompensa, dinero, oro y plata a cambio de sostener la mentira.

Mientras me mostraba esas escenas, la presencia continuaba avanzando hacia mí. Aquel líquido negro comenzó a transformarse en una especie de aire denso que se movía en mi dirección, envolviéndome hasta sentirse sobre mi piel como una sábana de seda oscura y sofocante.

La voz se reía a carcajadas con burla, y con cada una de sus risas se desataba un estruendo ensordecedor lleno de ruidos del mundo y de un mar embravecido y fuera de control, creando una atmósfera verdaderamente aterradora.

Mi indignación y mi enojo llegaron al límite. Le gritaba con todas mis fuerzas: «déjame en paz», pues en medio del tormento la mente se me nublaba y no lograba recordar textos bíblicos para defenderme.
En lo más profundo de mi ser, dije en silencio: «No puedo más con tanta opresión».

De repente, en medio de la desesperación, se escuchó un paso... un solo paso firme y colosal, como el retumbar de la tierra con el paso de un gigante. Ocurrió una expansión incontenible de energía y destellos imposibles de explicar.

Yo me encontraba de espaldas cuando esa fuerza sublime y deslumbrante atravesó mi cuerpo, sintiéndose a la vez como un viento recio y la delicadeza de un suave susurro.

En ese mismo instante, la luz rompió las tinieblas: aquel ser malvado, la brea y la oscuridad comenzaron a desprenderse con violencia de las paredes y del suelo. Se escuchaba un alarido de puro terror mientras aquel líquido negro se retorcía agónicamente, gritando a gran voz: «¡El Nazareno! ¡El Santo de Dios!».

De momento, mi alma comenzó a recobrarse de aquella terrible opresión cuando una majestad gloriosa y santa llenó el lugar, disipando por completo la presencia del mal.

Aquella voz y aquel líquido negro se convirtieron en nada; no quedó ni el más mínimo rastro de la tiniebla. Fue entonces cuando sentí suavemente sobre mi cabeza una mano amorosa y compasiva, al tiempo que me llamaba por mi nombre: «María», mientras aquella presencia de las tinieblas, nunca me llamó por mi nombre.

Al escuchar Su voz, comencé a llorar inconsolablemente como una niña pequeña. No me atrevía a girarme para mirarle; me sentía embargada por la vergüenza al ver cómo el enemigo me había oprimido y cómo, mediante el engaño, había usado mi propia consciencia para atormentarme.

Con mi Señor Jesús a mis espaldas, me giré y caí de rodillas al piso. Al postrarme frente a los pies de mi Rey y poner mis manos sobre el suelo, miré hacia abajo y vi que la superficie brillaba con un esplendor hermoso, semejante al interior de un caracol o a la porcelana fina.

En ese instante sentí en el alma lo mismo que el profeta Isaías cuando proclamó:

Isaías 6:5 (RVR1960)
Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.
Llevaba sobre mis hombros la pesadez y la humillación acumulada por décadas de acusaciones.

Aquella presencia majestuosa y esa luz pura y radiante envolvían por completo a mi Señor, proyectando una gloria incalculable que llenaba cada rincón.

Ante mis ojos se desplegó una visión sublime: un camino compuesto de seres vivientes que formaban una impresionante espiral, todos unidos en una sola voz de adoración incontenible, proclamando la grandeza, la soberanía y el dominio supremo del Rey de reyes, Jesús de Nazaret.

Postrada en el piso, escuchaba el retumbo armónico de sus cantos alabando la hermosura e infinita dignidad de Dios.

Cuando mi Señor Jesucristo volvió a llamarme, intenté pronunciar unas palabras para explicarle lo que sentía, pero antes de que pudiera articular frase alguna, escuché Su voz suave y llena de autoridad, diciéndome: «Lo sé, ten paz, hija».

En ese instante comprendí con total claridad la inmensidad de Su omnisciencia: Él es Emanuel, el Dios con nosotros, el Señor que conoce el pensamiento de nuestro corazón antes de que nazca en nuestros labios (Salmos 139:4; Mateo 6:8).

Toda la opresión y el temor del pasado se disiparon por completo ante la inmensidad de Su gracia y la soberana majestad de Su presencia.

Despertando del sueño profético, me levanté regocijada pero a la vez, miré el reloj y vi que eran las 5:41 a.m., sintiéndome afanada por la responsabilidad de que pensaba que mi esposo Juan tenía que trabajar en el turno de las 5:30 a.m. por lo que lo desperté pensando que estaba tarde para ir a trabajar, perdiendo la noción del tiempo y mi esposo me dijo que era miércoles y entraba a trabajar en el turno de 1:30 p.m. a 9:30 p.m., contándole la experiencia llorando.
Hermanos, debemos reflexionar en el descanso de ser conocidos y consolados por Cristo.

Mientras oraba y escribía este sueño profético en mi libreta #12, el Espíritu Santo me guió a los siguientes pasajes bíblicos: Salmos 139:4, Mateo 6:8, 1 Corintios 14:3.

El verdadero propósito de compartir las experiencias y testimonios que el Señor nos da debe ser siempre traer edificación, ánimo y consolación a la vida de los demás (1 Corintios 14:3).

Cuando enfrentamos momentos difíciles, acusaciones o batallas en la mente, el enemigo busca hacernos creer que estamos solos, que no hay quien nos defienda, por lo que optamos por buscar defender nuestras propias causas.

Sin embargo, debemos entender que no existe justificación en nosotros mismos como pecadores, sino que hemos sido justificados por la obediencia perfecta de nuestro SEÑOR JESUCRISTO, la cual nos ha sido imputada, como si hubiera sido nuestra obediencia y así nos ha amado Dios desde la eternidad.

Las voces del mundo y las mentiras del acusador solo traen culpa, duda y desesperación. En cambio, la voz de Jesucristo jamás trae condenación para los suyos; Su voz trae orden, quietud y restauración.

Un solo murmullo de Su voz diciendo: "Lo sé, ten paz", tiene el poder soberano de disipar toda tormenta interior y desbaratar las mentiras acumuladas por años.

Si hoy te encuentras atravesando acusaciones, mentiras o el peso de cargas del pasado:

No luches en tus fuerzas: Entrégale la carga al Señor; la verdad siempre prevalece en Su presencia.

Descansa en Su conocimiento: Dios no necesita que le expliques tu dolor de forma perfecta; Él conoce tu corazón y camina a tu lado en todo momento.

Permanece bajo Su consuelo: Cuando dejamos que la voz de Cristo sea la que gobierne nuestra mente, el ruido del enemigo pierde toda su fuerza y se convierte en nada ante la santidad y majestad de nuestro Salvador.

La Palabra nos insta a examinarlo todo y retener lo bueno, examinar las estructuras conciliares dogmáticas para ver si están alineadas conformes al orden bíblico, reconociendo a los falsos liderazgos no por sus palabras grandilocuentes, sino por sus frutos (leer Mateo 7:16). Para guardar la iglesia con sabiduría y paz:

El verdadero pastor siempre exaltará la gloria de Jesucristo, la provisión de su gracia y la cruz. Quien busca la autopromoción, la ganancia deshonesta o mantener a la gente cautiva bajo el miedo y los juicios continuos, se ha apartado de la Verdad.

2 Juan 9:11 (RVR1960)
Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios;

La verdad no se edifica sobre la difamación, el engaño o la persecución a otros hermanos. El siervo de Dios debe de tener pleno conocimiento del Evangelio fiel para guiar con humildad, mansedumbre y sobriedad, sin buscar el dominar al pueblo segun la doctrina de los nicolaitas que el SEÑOR aborrece, sin añorar obtener las riquezas de este mundo.

La mejor protección ante la mentira es conocer profundamente la Palabra de Dios. Un rebaño firme reconoce la voz del Buen Pastor, la cual siempre trae verdad, santidad y el descanso en Su presencia.

Agradezco mucho que estés del otro lado leyendo esto.Hasta la próxima. 💛

Gracia y paz.

Autoría:
María Izabel Mestre
Profetisa de Yom Teruah Ministries®
La Caverna del Profeta®
Pentecostales Reformados
Carolina, Puerto Rico
profetamariaimestre@gmail.com

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