🌕 26 de agosto de 2026
Luego de desayunar y de terminar algunas tareas del hogar, tomé mi libreta para hacer unas anotaciones. De repente, el Espíritu Santo me inquietó a buscar la página 54, donde leí todo con detenimiento. Sentí la inquietud de compartirlo. Todo sea para la gloria y honra de mi SEÑOR JESÚS de Nazaret.
11/junio/2026
Visión profética: El peligro del falso celo en la iglesia
2 Corintios 12:2-3 (NTV) solo Dios lo sabe.
Mientras trataba de dormir, a la misma vez orando, y por la misericordia de Dios, Él me mostró una visión:
Me encontraba en una iglesia evangélica Pentecostal , reconocida por su púlpito. A ambos lados se extendían las filas de asientos para los feligreses, y por el centro corría un pasillo con una alfombra color vino.
Vi unas escaleras que daban acceso al púlpito. Detrás de este, había tres sillas de madera elegantes. Había dos pastores sentados y uno estaba de pie en el púlpito. El Espíritu Santo me inquietó revelándome que el pastor estaba amonestando a los feligreses.
En ese momento, salieron del lado izquierdo dos damas jóvenes. Vestían con un suéter color rosa, faldas largas blancas y estaban descalzas. Llevaban en la cabeza un turbante amarrado con un nudo, al estilo africano, y ambas tenían una pandereta en las manos.
Ellas comenzaron a danzar, dando vueltas y vueltas mientras hablaban en un idioma desconocido, como un dialecto o lenguas africanas, pero el Espíritu Santo me inquietó revelándome que eso no venía de parte de Dios.
Luego, comenzaron a subir las escaleras hacia el púlpito; una de ellas le quitó el micrófono al pastor que estaba amonestando, empujándolo hacia un lado, mientras la otra movió el púlpito bruscamente. Al mismo tiempo, y con una actitud firme y ruda, una de ellas gritó: «¡El altar se respeta!», repitiéndolo dos veces.
Luego, ambas se arrodillaron ante los dos pastores que estaban sentados, sin dejar de hablar en esas lenguas extrañas, y en los rostros de esos pastores se veía alegría y orgullo.
Vi al pastor que estaba amonestando bajar las escaleras, mientras las personas decían todas al mismo tiempo: «¡El altar se respeta!». El pastor continuó caminando en dirección a la puerta de salida.
Luego, mis ojos fueron tapados y solo escuché un rugido y un temblor.
Al reflexionar en todo esto, entendí claramente la advertencia de Dios. Muchas veces nos llenamos de un celo humano o denominacional.
Algunos defienden a capa y espada los templos, las tradiciones o la reputación de un grupo diciendo "¡el altar se respeta!", pero nos olvidamos de respetar al Dios que abolió en Cristo toda forma de altar hechos por los hombres. Nos volvemos ciegos ante lo que realmente agrada o indigna al Señor.
Esto me hizo recordar lo que el profeta Ezequiel vivió en:
Ezequiel 8:3-5 (RVR1960)
Y aquella figura extendió la mano, y me tomó por las guedejas de mi cabeza; y el Espíritu me alzó entre el cielo y la tierra, y me llevó en visiones de Dios a Jerusalén, a la entrada de la puerta de adentro que mira hacia el norte, donde estaba la habitación de la imagen del celo, la que provoca a celos. Y he aquí, allí estaba la gloria del Dios de Israel, como la visión que yo había visto en el campo.Y me dijo: Hijo de hombre, alza ahora tus ojos hacia el lado del norte. Y alcé mis ojos hacia el norte, y he aquí al norte, junto a la puerta del altar, aquella imagen del celo en la entrada.
Cuando Dios lo llevó en visión al templo y le mostró la "imagen del celo". Justo allí, a la entrada del altar, se había colocado un ídolo que no venía de Dios, provocando la indignación del Señor. A veces, en nuestras iglesias, permitimos cosas o actitudes que parecen muy espirituales o "piadosas", pero que en el fondo son ajenas a Dios. Y lo más triste es que preferimos aplaudir lo que nos divierte o nos emociona, antes que escuchar la amonestación y la corrección de la Palabra.
Cuando el orgullo denominacional saca la verdad del púlpito y empuja la corrección por la puerta de salida, lo que queda es ceguera espiritual y la manifestación de la ira de Dios (como el rugido y el temblor que escuché al final). Examinemos nuestros corazones. No defendamos estructuras ni apariencias; busquemos la presencia pura del Espíritu Santo, la obediencia y la verdad que nos santifica.
Autoría:
𝑀𝑎𝑟𝑖𝑎 𝐼𝑧𝑎𝑏𝑒𝑙 𝑀𝑒𝑠𝑡𝑟𝑒
Profeta de Yom Teruah Ministries ®
Pentecostales Reformados
La Caverna del Profeta®
Carolina, Puerto Rico
profetamariaimestre@gmail.com

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